3 de agosto de 2008

El tazón de madera

El viejo se fué a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Estaba solo y deseaba compartir sus últimos días con los suyos. Los años no pasaron en balde para él, ya las manos le temblaban, la vista era torpe y los pasos no eran tan fuertes como años atrás.
Toda la familia comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del abuelo hacían de este momento una situación difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba coger el vaso, casi siempre, terminaba derramando la leche sobre el mantel.
El hijo y su esposa se cansaron de la situación y decidieron hacer "algo" con el abuelo..."Ya he tenido suficiente y estoy muy harto de la situación" dijo el hijo a su mujer..."Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo", le respondió su esposa....
Así fué como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor para el abuelo, los días pasaban y el viejo comía solo, mientras su familia disfrutaba en la hora de la comida, comiendo y hablando de sus cosas.
Como ya había roto varios platos, su comida era servida en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras comía solo en la esquina del comedor...a pesar de ello, las únicas palabras que la pareja le dirigían eran fríos reproches cada vez que veían como caía el tenedor o derramaba la bebida.
El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena el padre observó como el niño jugaba con unos trozos de madera que tenía en el suelo. Le preguntó suavemente..."Qué estás haciendo?", con la misma dulzura el niño le respondió..."Ah!!, estoy haciendo un tazón para tí y otro para mamá, para cuando yo crezca y ustedes coman en ellos". Sonrió y siguió con su tarea.
Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaron por sus mejillas y aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días el abuelo ocupó un lugar en la mesa con ellos...y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

2 comentarios:

Asi es la vida como suelo decirle a Lotus nadie va para joven, en fin que Dios nos de a tod@ una buena vejez.

Bss
Aqua

Aqua

Pos sip.

TxuS

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