22 de abril de 2010

A las golondrinas...


A las golondrinas de alas rotas
Y a los fareros que las enamoran...

Cada atardecer, él dejaba las luces del faro al cuidado de las gaviotas y caminaba por la orilla del mar. Yo lo esperaba en la playa, acurrucada, escapando del viento.

El farero le contaba al mar todos sus secretos, por eso no tenía nada que contarme.
Sus ojos verdes sólo miraban el horizonte, por eso no podía verme. Se dejaba acariciar por las olas que morían a sus pies y por eso no sentía mis caricias.

Pero esa tarde, al pasar frente a mí, el farero se detuvo. Me miró, acarició mi ala rota y me besó en el pico. Estoy cansada, ya no quiero más veranos, le dije. No temas golondrina, tibios inviernos nos esperan, susurró en mi oído.

Antes de alzar el vuelo conmigo en brazos, miró hacia atrás y allá a lo lejos, las gaviotas enfurecidas apagaban las luces del faro…
autor: Rita T.

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