15 de julio de 2010

Simplemente pienso en ti...



Me acostumbré a tus palabras,
como el viento a la primavera.

Me acostumbré a tus ojos apagados
por la desesperanza,
a tu voz con distancia,
a tu caricia contenida
en la estela del recuerdo.
Al todo o nada y al nada y todo.

Me acostumbré a jugarme la vida en una palabra,
sin saber de mí mismo,
a preguntarle a mi corazón
sin saber si consentía.

Me acostumbré a tu ansiada ternura,
a tus pasos para verte
y al silencio de las equivocaciones.

Me he acostumbrado a pensar
más que a actuar,
a vivir, a expresar,
sin saber que pasará.

Me acostumbré a tí,
con tanta paciencia,
que la impaciencia nos dibujó el espanto
y a lo lejos logró sentir tu corazón confuso
buscando tu silueta.

Me acostumbré a las cláusulas de una letra,
echar de menos las noches,
que jamás conocí,
de la vidas que jamás viví.

A pesar de la costumbre
buena o mala,
simplemente pienso en tí.

autor: Francisco Madero Urmeneta

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