14 de septiembre de 2010

Espero...


UNO
"El se sentó a esperar bajo la sombra de un árbol lleno de flores color lila. Pasó un señor rico y le preguntó: ¿Joven, qué hace usted aquí, sentado bajo ese árbol, en lugar de trabajar y ganar dinero? Y el joven le respondió: Espero.
Pasó una mujer hermosa y le preguntó: ¿Qué hace usted, sentado bajo ese árbol, en lugar de intentar conquistarme? Y el hombre le respondió: Espero.
Pasó un chico y le preguntó: ¿Señor, qué hace usted aquí, sentado bajo este árbol, en lugar de jugar? Y el hombre le respondió: Espero.
Pasó su madre y le preguntó: ¿Hijo mío, qué haces aquí, sentado bajo este árbol, en lugar de tratar de ser feliz? Y el hijo le respondió: Espero".
DOS
"Ella salió de su casa dispuesta a buscar. Cruzó la calle, atravesó la plaza y pasó junto al árbol florecido. Miró rápidamente al hombre...al árbol...pero no se detuvo. Había salido a buscar. Y tenía prisa.
El, la vió pasar y le sonrió. La vió alejarse hasta hacerse un punto pequeño y desaparecer. Y se quedó mirando el suelo nevado de lilas. Ella fue por el mundo a buscar. Por el mundo entero.
En el Norte había un hombre con los ojos de agua. Ella preguntó. ¿Eres quien busco? No lo creo. Me voy, dijo el hombre con los ojos de agua. Y se marchó.
En el Este había un hombre con las manos de seda. ¿Eres quien busco?. Lo siento, pero no, dijo el hombre con las manos de seda. Y se marchó.
En el Oeste había un hombre con los pies de alas. Ella preguntó: ¿Eres quien busco?. No. No soy yo, dijo el hombre con la voz quebrada. Y se marchó...".
TRES
"Ella siguió por todo el mundo buscando. Por el mundo entero. Una tarde, subiendo una cuesta, encontró a una gitana. La gitana le miró y le dijo: El que buscas te espera en un banco de una plaza.
Ella recordó al hombre con los ojos de agua. Al hombre que tenía las manos de seda. Al de los pies de alas, que tenía la voz quebrada. Y después se acordó de una plaza. Y de un árbol con las flores lilas. Y de aquel hombre que, sentado a su sombra, le había sonreído al pasar. Dió media vuelta y empezó a caminar sobre sus pasos. Bajó la cuesta. Atravesó el mundo, el mundo entero. Llegó a su pueblo. Cruzó la plaza. Caminó hasta el árbol florecido de lilas. Y le preguntó al hombre que estaba sentado a su sombra: ¿Qué haces aquí sentado bajo este árbol?. El hombre, que estaba sentado en el banco de la plaza le respondió, con la voz quebrada: Te espero.
Después levantó la cabeza y vió que tenía los ojos de agua, le acarició la cara y se dió cuenta de que tenía las manos de seda, le invitó a volar con él y ella supo que tenía también los pies de alas.
"
autor: desconocido

reflexión personal
muchas veces caminamos por la vida completamente ciegos, sin darnos cuenta de que la felicidad está mucho más cerca de lo que creemos.

cita: "La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro". (Viktor Frankl)

Fuente | visto en la red

1 comentarios:

Bonito relato con moraleja. Gracias por compartir :)

Malina

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