31 de mayo de 2012

El gallo


Había un gallinero en el que vivían muy felices veinticinco gallinas y un gallo. Pero como el gallo ya tenía unos cuantos años, el granjero decidió cambiarlo por otro más joven.
Un día se abrió la puerta del gallinero y entró un gallo joven y bien plantado.

Rápidamente las gallinas se arreglaron el plumaje y empezaron a contonearse delante del gallo joven.

El gallo viejo, arrastrando sus espolones retorcidos y con alguna que otra calva en su plumaje, se le acercó y le dijo:

- Bienvenido!. Me alegro de conocerte compañero. Supongo que siendo joven y fuerte, tendrás intención de hacerle el amor a todo el gallinero, ¿no?

- ¡Naturalmente, abuelo! -contestó el gallo joven- ¿Algún problema?

- ¡No, claro! -dijo el gallo viejo- sólo te ruego que no me dejes mal delante de las damas y me des una salida airosa y honrosa.

- ¿Qué propones? preguntó el jovencito.

- Pues, mira, ya no estoy en disposición de pelear. Te sugiero una carrera de tres vueltas alrededor del gallinero.

- Trato hecho - dijo el joven, contento de liquidar el asunto tan fácil.

- Pero para ser justos y dado que el reuma no me deja correr muy bien, te ruego que me des media vuelta de ventaja.

- No hay problema -dijo el gallo joven-, muy seguro de sus posibilidades.

De este modo empezó la carrera y antes del que el gallo viejo hubiera completado la segunda vuelta, tenía al gallo joven pisándole los espolones.

De repente se oyó un tremendo estallido y el gallo joven quedó despanzurrado en el suelo, entre un charco de sangre y una nube de plumas.

- ¡Caramba! -dijo el granjero con una escopeta humeante entre las manos-
¡Es el tercer gallo maricón que me venden esta semana!

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