21 de agosto de 2013

Eterna levedad


Raspé la coraza del alma y vi que debajo
habitaba el invierno erguido en ventiscas,
gris plomo, pesado de nubes,
entre sus garras crispadas de hielo.

Vi la soledad, presentí el olvido, escuché el silencio,
en su pecho enjuto se clavaban lanzas
y brotaban ausencias de tiempos viejos.
En sus ojos se arraigaban penas,
guardando en un relicario de oro las imágenes
de todos los espejos,
miles de cristales, que miraban hacia las alturas,
pese a que no veían porque estaban ciegos.
 

Me pregunté si el invierno no sería otra coraza
debajo de la coraza, paralizando en su desesperado
andar el embate de ajenos vientos,

Me pregunté si el alma puede estar a salvo
de la intrusión perenne que le obliga el transcurrir
del tiempo, cuando azotan las tormentas y bajan los fantasmas
para danzar en su nombre entre notas de concierto.
 

Me pregunté tantas cosas en mi pretensión
por alcanzar el margen quebrado, que se alza
modelando el muro de los sentimientos,
que volví al principio...

Vi la soledad, presentí el olvido
y porque en el pecho enjuto 

seguían clavándose las lanzas,
escuché los gritos de todos los silencios.

Primer Premio de Poesía, organizado por la Junta de Cultura y Estudios Históricos de Monte Castro.
Premios entregados en la Feria de las Naciones. Buenos Aires, 11 de mayo de 2013
 


Fuente | Bitácora de vuelo

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